Terroir

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Bodegas El Paraguas entiende el viñedo como una unidad familiar. Cada planta es un miembro de una familia y, por tanto, cada miembro de la misma aportará unas cosas u otras a la familia. Con estos mimbres, partimos de la base que no todas las plantas reúnen los exigentes requisitos que perseguimos para la elaboración de los vinos; aunque cada día y cada año las educamos para que, algún día, lleguen a ese estatus mínimo imprescindible para que sus racimos conformen alguno de nuestros vinos.

Con esta base, Bodegas El Paraguas elabora cada variedad de uva de cada viñedo -con excepción del vino Fai un Sol de Carallo– por separado y atendiendo a un método de elaboración que se considera tras estudiar la naturaleza de cada cosecha y el posible potencial de las uvas antes de su vendimia.

Independientemente del tipo de vinificación, todas las plantas proceden de viñedos con marcos de plantación tradicionales, muy apretados –de hasta 1 metro por 1 metro-, con gran disputa entre las plantas para que la producción sea limitada, nunca más de 5.500 kilos por hectárea. Igualmente, no contemplamos la mecanización de los viñedos, porque consideramos que, a la larga, puede alterar la composición de suelo. Por ello, tampoco utilizamos herbicidas y limitamos los tratamientos al máximo. No olvidemos, que seguimos estando en Galicia y enfermedades como mildiu, oidio o botrytis están a la orden del día en una año húmedo o lluvioso.

En cuanto al tipo de conducción, según la variedad de uva y el pago, trabajaremos con guyot simple, cordón simple o guyot doble. La poda de las plantas, generalmente, tiene lugar durante el mes de diciembre. Por último, cada doce años, incorporamos un abono natural de vacas para equilibrar el suelo. Actualmente, en el Valle del Avia del Ribeiro, Bodegas El Paraguas trabaja tres fincas. La Cabrita es la parcela más cálida de las tres, situada en la parte más baja del valle. La Castiñeira, sita en la parte alta del municipio de Ribadavia, se incorporó al viñedo de Bodegas El Paraguas en 2014. Por último, rodeando al innmueble elaborador donde se causa la magia del vino, disponemos de un viñedo más joven, rondando los 400 metros de altitud sobre el nivel del mar.